lunes, octubre 02, 2006

Periodista sin derecho a ser trabajador

Cuando me paro a contemplar los resortes del Periodismo a mi alrededor me invade la sensación de que me equivoqué de profesión. No estoy hablando de las grandes tramas, las relaciones de poder, las filtraciones, la mierda de la prensa del corazón...no. En realidad hablo de la gente, de los periodistas, de las personas que hay en nosotros.

El público nos mira impasibles, la mayoría de las veces, y nos señala con el dedo: para ellos somos unos vividores, unos Mariñas y unos Karmele. Si por lo menos nuestras condiciones fueran un 25% las de ellos, soportaríamos el insulto con cierta permisividad. Pero no es la situación.

Somos, la inmensa mayoría de los periodistas, unos pobres diablos, que probamos suerte con todas las teclas que podemos apretar, que intentamos meternos en un periódico, en aquélla radio, en otra agencia, en un nuevo proyecto...nuestra ilusión por hacer Periodismo, con mayúsculas, es lo único que nos mueve, porque no existe otro combustible: los sueldos dan risa y los derechos de los trabajadores son pisoteados una y otra vez sin el menor miramiento. Si te tienes que quedar hasta las tres de la mañana, te jodes. Si tu artículo no sale porque, a pesar de ser relevante, a tu jefe no le interesa por lo que sea, te jodes. Si te saltan el tema cada dos por tres, te jodes. Si cobras poco, te jodes. Si tienes que venir 17 días sin librar, te jodes. Si trabajas todos los festivos y no te lo gratifican de ninguna manera, te jodes. Si quieres un contrato, te jodes. Si quieres que te pongan un contrato mejor, te jodes. Si quieres que se te reconozca, te jodes.

Imagino que, cuando alguien se deja el periodismo puro y duro y decide hacer otras cosas relacionadas, como los gabinetes de prensa, o cualquier otra cosa, su jefe pensará “demasiado blando/a para el Periodismo de calle”. Estoy casi segura. Y, ¿no será que las condiciones de trabajo, los codazos, las presiones, etc...son insoportables? Realmente yo hay veces que no las soporto...y lo que te rondaré, morena.

Carpe Diem

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